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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética, es decir, de lo esencial. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, en India como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer, y actualmente en Malí cooperando con CONEMUND en proyectos de seguridad alimentaria y equidad de género. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

jueves, 20 de octubre de 2022

La cola que menea al perro

                                             

El tiempo es una de esas cosas que todo el mundo sabe lo que es hasta que le piden que lo explique. Es como el ciempiés al que le preguntaron cómo se las apañaba para poder coordinar el movimiento de tantas patas de manera acompasada y funcional y justo cuando el animalico se paró a pensar en ello dejó de ser capaz de hacerlo. 

El tiempo es oro, no tengo tiempo, el tiempo vuela, el tiempo te arrastra… Sea lo que fuere, creemos tener muy claro que es algo lineal que viene del pasado, cruza el presente y se lanza hacia el futuro; algo que se mueve en esa línea imaginaria en esa dirección. Asumimos con toda naturalidad que lo que pasa y lo que pasará son consecuencia de lo que pasó. Nos vemos, pues, conducidos por el tiempo, e interpretamos que la vida se desenvuelve bajo el poder que el pasado ejerce sobre ella.

Todo esto está tan arraigado en nuestro sentido común que pensar de otra manera resulta tan incómodo como afeitarse o escribir con la otra mano.

Yo he venido aquí para darle la vuelta totalmente a todo esto. Afirmo con el puño en alto que el pasado es el resultado del presente y ofrezco con la mano extendida los siguientes ejemplos que lo demuestran:

Cuando un barco navega por el océano deja una estela que se va perdiendo en el mar. Esta estela nos dice dónde estuvo el barco de la misma manera que el pasado y nuestra memoria nos dicen lo que hicimos y lo que nos pasó. Si vamos hacia atrás en el tiempo iremos viendo lo que ha ocurrido, y a medida que rebobinemos habrá menos cosas en el pasado hasta el punto de que llegará un momento antes del cual no habría pasado nada. Recorriéndolo hacia atrás el pasado se va deshaciendo de la misma manera que va desapareciendo la estela que deja el barco. Pero lo más importe y remarcable de todo esto es que la estela no conduce al barco, de la misma manera que la cola no menea al perro.

Explicar las cosas remitiéndose al pasado es negarse a explicarlas, es echarle la culpa a los padres, los padres a los abuelos, estos a los ancestos y así retrospectivamente hasta que Adán se remitiera a Eva y esta a la serpiente. Y la serpiente, que ya no tendría dónde echar la vista atrás, preguntada por Dios con una mirada, seguramente respondería con un guiño, porque ella sí sabía que todo empieza ahora.

No estoy aquí por nada que haya pasado. Esto aquí por la misma razón por la que los pájaros cantan, que las estrellas brillan, que la luna gira o que los mares bailan. Soy un gerundio cuesta abajo, un siendo, un porqué sin causa, soy un qué que se acepta, que cree y que crea

Nunca nada pasó en el pasado, pasó en el presente, y nunca nada pasará en el futuro, pasará en el presente. El presente es lo único que hay. ¿De verdad crees que es la cola la que menea al perro? 

- La entrada es una recreación de ideas y metáforas de Alan Watts y de Eckhart Tolle- 

viernes, 9 de septiembre de 2022

Aviso a psiconautas

 

La Ley del Espejo dice que si alguien hace algo que te hace sentir mal, la lectura correcta no es que la acción de ese alguien ha creado una energía que ha llegado a ti y te ha causado malestar, ¡no!

Lo que realmente pasa cuando alguien hace algo que te hace sentir mal es que tú, que tenías un malestar interno, lo has proyectado hacia fuera para deshacerte de ello y lo has arrojado contra la situación. Esa misma situación podría no haberte supuesto ningún malestar si tú no lo hubieras proyectado sobre ella.

La primera lectura, la que has venido haciendo durante toda tu vida, perpetúa tu victimismo y hace que te sientas siempre zarandeado y a merced de las circunstancias. “Si me pasa algo malo –dirás- me sentiré mal”, y te darás la razón sin ninguna duda, y no te faltarán apoyos porque todo el mundo te la dará. Tiene toda la lógica del mundo. ¿Quién te va a llevar la contraria en algo tan obvio?

Sin embargo la segunda lectura, la de que lo que sientes es tuyo y nace en ti, sea cual sea la situación que ha parecido provocarlo ahí fuera, es la alternativa que cambiará el mundo. 

Y aquí no hay concesiones, amigo psiconauta; no se trata de que observes algo, lo valides y lo creas, es decir, no se trata de ver para creer sino justo de todo lo contrario, tienes que saltar sin red. Se trata de creer para ver. 

Y cuando creas para ver entonces verás que los ojos no son cámaras sino proyectores, y que para VER de verdad hay que mirar a lo que hace que el ojo vea, aunque el propio ojo no sea capaz de verlo. Y no es raro que no sea visible para el ojo lo que hace que el ojo vea de la misma manera que no lo es que un diente no pueda morderse a sí mismo, que el fuego no se autoabrase o que una navaja no pueda cortarse a sí misma por muy afilada que ésta esté. 

Sé valiente, amigo psiconauta, entrégate, encomiéndate, acércate a la verdad, ¡ve y VE! 

jueves, 28 de julio de 2022

¿Existe Dios?


En la autopercibida kilimanjárica ascensión de mi razón a la cima de la nada, el ateísmo me ha parecido siempre lo más coherente. Sin embargo, ahora que he descendido me he dado cuenta de que la coherencia no tiene por qué regir mis pareceres, así que he dejado de declararme ateo porque tanto el ateísmo como el teísmo son la misma cosa en la medida en la que hacen alusión a una polaridad. 

Dios es, pero no puede ser esto o lo otro. Dios, por tanto, no puede tener nada que ver con este mundo. No lo ha creado ni puede estar en todas partes porque el concepto mismo de “parte” le es ajeno. Todo lo ajeno a Dios es irreal, e irreal es por tanto todo lo que piensas y crees ver. Él mismo lo dijo desde su inexistencia: "Mi reino no es de este mundo" es una directísima pista para que no lo busquemos donde no podemos encontrarlo. Dios vino aquí para decirnos que no está aquí. ¿Acaso se puede ser más claroscuro? 

La respuesta a la pregunta de si Dios existe es tan incorrecta cuando se responde "sí" como cuando se responde "no" porque ambas conceptualizan y afirman o niegan una idea parcial que Aquello a lo que apuntan no puede ser ni entender. La respuesta correcta a esa pregunta capciosa es un estado mental en el que la pregunta misma se disuelve en la imposibilidad de ser formulada. Y no son los libros ni los porteadores de la razón los que te llevarán "allí". 

viernes, 8 de julio de 2022

Amigo pensador, el pensar late en ti

                                                       

Uno no dice “estoy latiendo mi corazón”, en  primer lugar porque se tiene claro que el corazón late él solito y no hace falta que lo lata nadie, y en segundo lugar porque latir es un verbo intransitivo, así que el corazón late y punto, y de este fenómeno, que se repite sin cesar –hasta que cese, claro, que cesará- no tenemos que preocuparnos ni que ocuparnos porque ocurre solo.

A mí personalmente me ha ocurrido ya una lluvia de veces; pum, pum, pum y pum, y venga y dale hasta mil quinientos millones, así que tengo un latido para cada español, tanzano, indio y maliense, y me sobran latidos para compensar todos los descorazonamientos. Así hace las cosas mi corazón: sin protestar, sin pararse, sin darse importancia y sin que yo intervenga.

Cosa curiosa es que aunque aceptemos con naturalidad que los latidos vienen de allá y no son cosa nuestra, lo de pensar, sin embargo, consideramos sea algo muy nuestro y muy de acá. “Yo pienso” y “yo pienso esto” no solo se aceptan como algo básico en cuanto a que es uno mismo el agente sino que  se consideran además la esencia de nuestra identidad. Yo soy quien soy entre otras cosas y fundamentalmente porque pienso lo que pienso y como lo pienso.

Pero, pensemos un poco: ¿de verdad es uno mismo el que piensa? No te líes, amigo pensador, pensar no es algo que tú haces, es algo que ocurre en ti, como el latir. Las ideasque son pensamientos licuados, llueven sobre ti como un diluvio mental, y en esto del llover poco tienes tú que ver, en primer lugar porque no eres tú la nube y porque llover es un verbo impersonal, como ya has de saber. 

Nuestra mente está continuamente en movimiento, incluso cuando no necesitamos que actúe. Se va al pasado donde ya nada puede cambiar, se lanza al futuro donde no hay nada que tocar, juega con la fórmula “si hubiera o hubiese…” fantasea, se ilusiona y crea compulsivamente un mundo de ectoplasmas que no existen pero que nos afectan como si existieran. Muchas veces me he preguntado dónde habrá ido a parar la energía que he gastado a lo largo de mi vida en preocuparme y afligirme por cosas que me han venido a la cabeza sin yo llamarlas y que luego nunca llegaron a ocurrir. Si me la devolvieran toda de golpe creo que podría darme un paseo por la vía láctea haciendo cabriolas de planeta en cometa.

Lo tuyo, amigo pensador, no es latir ni pensar, lo tuyo es observar tu pendular sístole-diástole existencial y contemplar cómo, gota a gota y charco a charco, se forma en ti un océano de ideas en el que, eso sí, puedes nadar y pescar.

Así que de pescar va el asunto, o más bien de qué hacer con lo que se engancha en la caña. No me imagino un pescador que lleve a la sartén una bota, un trapo ni una rueda de bicicleta. Esa pesca es para descartar, esa idea es para tirar. Hay que cuidar la dieta mental. 

Amigo pensador, no pienses que piensas, el pensar late en ti.

lunes, 20 de junio de 2022

Del nacer y ser hijo

  •  Tener hijos para darle sentido a la vida es como pedir un préstamo para pagar una deuda o como rellenar un cuestionario con preguntas. 
  •  Los hijos no vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo no te pertenecen (Gibran Khalil Gibran).
  •  Nacer es el acto más autodestructivo que un ser espiritual puede hacer. Este mundo es un océano de carencias que venimos a visitar para entender, recordar y perdonar, que en realidad son todo la misma cosa. La verdadera fiesta no es venir sino irse, y el optimismo que encierra esto que digo solo se puede entender cuando uno se ha despiojado totalmente de sus miedos.
  • Los ojos no son cámaras, son proyectores. Todo lo que hemos visto desde que nacimos no es lo que hay ahí fuera, sino una proyección especular de lo que somos dentro. Esto supone un cambio de paradigma tan potente como lo supuso en su día pasar de la física Newtoniana a la Einsteniana. En términos físicos aquello fue un reto para el entendimiento. Espiritualmente esto es un despabilador de almas somnolientas y resacosas. 
  • Buscamos la libertad desde que nacemos, y la buscamos justo donde no puede estar. El hecho mismo de buscarla es un sinsentido esclavizante. En el mundo real no hay libertad porque no puede haberla donde se tiene y se es Todo. Encontrarla, por tanto, consiste en volver a donde no existe porque no hace falta. 
  • Todos los problemas que has tenido en tu vida no estaban ahí fuera ni se debían a nada de lo que creías. Estaban siempre dentro de ti y eran uno solo: amnesia. Tu desacuerdo con lo que digo, el malestar que te genera y la necesidad de rebatirlo que sientes son una prueba más.