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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética, es decir, de lo esencial. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, en India como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer, y actualmente en Malí cooperando con CONEMUND en proyectos de seguridad alimentaria y equidad de género. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.
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jueves, 12 de mayo de 2022

Toma pan y moja


Cuando leo a Ortega me emociono. Sus reflexiones y la manera de exponerlas son paisajes hechos con palabras. Tienen la luz de un amanecer y huelen siempre a hierba recién cortada. Lo que dice se puede respirar hondamente, y le faltan a uno pulmones para llenarse de tanto aire fresco. Cuando lo espiro siento unas ganas enormes de escribir -lo que sea- pero al vaciarme de su lectura me encuentro también tan pequeño, tan diminuto, que casi me da vergüenza y me parece una mezquindad tocar las letras después de él, así que me deleito en su grandeza, cuelgo mi lápiz y le releo, como quien apaña con ávidas untadas de pan los últimos resquicios de un plato empapado de ambrosía; y cuanto más unto, más disfruto y más hambre tengo.

Aquí dejo unos huevos fritos con pan para que cada uno unte a su gusto:

“Quien siente menos apetitos vitales y percibe la existencia como una angustia omnímoda, según suele acaecer al hombre moderno, supedita todo a no perder la vida. Por otra parte, el valor supremo de la vida (como el valor de la moneda consiste en gastarla) está en perderla a tiempo y con gracia”.

“La vida en su última sustancia consiste en tener que ser dedicada a algo, no en ocuparse de esto o de lo otro dentro de la vida. Es decir, no en meter en la vida algo que se considera valioso, sino en tomar en vilo nuestra existencia entera y dedicarla a algo. En suma, darla, enajenarla, entregarla; entonces será verdaderamente tuya”.

“Hay un primer plano de realidades el cual se impone a mí de una manera violenta: son los colores, los sonidos, el placer y el dolor sensibles. Ante él mi situación es pasiva. Pero erigidos los unos sobre los otros hay nuevos planos de realidad cada vez más profundos, más sugestivos, que esperan ascendamos a ellos, que penetremos hasta ellos. Pero estas realidades superiores, para hacerse patentes ponen una condición: que queramos su existencia y nos esforcemos hacia ellas. La ciencia, el arte, la justicia, la cortesía, la religión son órbitas de la realidad que no invaden bárbaramente nuestra persona como hacen el hambre o el frío; sólo existen para quien tiene voluntad de ellas; requieren un ver activo.

Si no hubiera más que ver pasivo quedaría el mundo reducido a un caos de puntos luminosos. Pero hay sobre el pasivo ver un ver activo, que interpreta viendo y ve interpretando: un ver que es mirar. Platón supo hallar para estas visiones que son miradas una palabra divina: las llamó ideas. Pues bien, la tercera dimensión de la naranja no es más que una idea, y Dios es la última dimensión de la campiña”.

“Es un error creer que el aspecto más verídico de una cosa sea el que ella ofrece sometida a una visión muy próxima. Ver bien una piedra es mantenerla a tan corta distancia de nuestro ojos que percibamos los poros de su materia. Pero ver bien una catedral no es mirarla a la misma distancia que una piedra. Para ver bien una catedral hemos de renunciar a ver los poros de sus sillares y alejarnos de ella debidamente”.

Y de postre, al hilo de este último párrafo, una sentencia de Nietzsche

“Demasiado primer plano hay en todos los hombres, ¡qué tienen que hacer allí los ojos que ven lejos, que buscan lejanías!". 

¡Buen provecho!

- Escrito el 5 de noviembre de 2014 -

domingo, 8 de febrero de 2015

Huevo de cuclillo


Un coche es una cosa con ruedas que sirve para ir de un sitio a otro, pero también es una cosa que sirve para volcar, o para protegerse de la lluvia, o para dormir, o incluso –y en algunos casos sobre todo- para refocilar; un coche es el templo clásico del magreo adolescente, y no tanto… O puede incluso ser algo que no sirva para nada. ¿De qué sirve, por ejemplo, un coche bajo tierra?, ¿de muro de Berlín para lombrices?

¿Qué es entonces un coche? ¿Se puede definir con objetividad independientemente del uso que se haga de él, o bien necesitamos contextualizar el concepto de coche para poder definirlo? Ya incluso antes de saber lo que es nos vemos enredados en la idea de cómo afrontar su definición. ¿Qué se puede por tanto esperar de la misma pregunta aplicada a un hombre? ¿En cuántas telas tenemos que enmarañarnos antes de poder encarar un tenue acercamiento a lo que es el hombre?

Supongo que si existiera un tercer ente capaz de afrontar este juicio y se viera libre del atributo de estar vivo -para así poder juzgar con equidad- aplicaría los mismos criterios a la hora de definir un coche que a la de definir un hombre. Imaginemos, pues, algo no vivo capaz de juzgar. En estas condiciones tan particulares de juzgado, se determinaría que un hombre puede ser tantas cosas como aquellas para las que sirve, al igual que el coche. La pregunta pasaría entonces a ser la siguiente: ¿Para qué sirve el hombre?

Una respuesta utilitarista sobre la naturaleza humana nos lleva directamente y sin remisión a un culo de saco. En primer y último lugar servimos para darle un aura metafísica a la existencia, o sea, para aplicar sobre la piel de todo lo que existe un injerto reflexivo. El hombre es un sembrador de porqués. Pero resulta que los porqués le importan muy poco a todo lo que existe que no sea humano, así que somos como un continuo regar de agua fresca un inacabable huerto de hormigón. ¿Qué esperamos que crezca de una semilla de nada en un campo de menos? 

Así pues, el hombre sirve para no servir de nada. Ya podemos, por tanto, dejar de pre-ocuparnos; eso tampoco sirve de gran cosa.

-Unas lecciones de metafísica- José Ortega y Gasset.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Neurosis y excelencia


«Eduard Munch sabía que estaba neurótico. Incluso tenía consciencia de que su obra estaba condicionada por su neurosis, por lo cual, como artista, no quería curarse de la misma; y es que, como dice Ortega, “cuando alguien es pura herida, curarlo es matarlo"».
(Javier Martínez Gracia)

“Quizás sin esa exaltación de la sensibilidad nerviosa que llega hasta la locura no hay genio superior en las artes que requieren ternura”.
(Kandinsky)

“Si en algún momento he sido feliz por un medio distinto de la literatura y lo que estaba relacionado con ella… precisamente entonces he sido incapaz de escribir”.
(Kafka)

“El hombre con sentido común y con sentido práctico, probo trabajador, buen ciudadano y buen esposo, no fue jamás un gran poeta”.
(Marcel Réja)

“El peculiar maridaje entre irrealidad y arte hace que el artista tienda a ser un inadaptado, y, a menudo, un perturbado mental”.
(Javier Martínez Gracia)

“La neurosis hace al artista, y el arte cura la neurosis”.
(André Malraux)

“Una neurosis la superas, de ti mismo no te curas”.
(Sastre)

“Qué profunda paradoja: esa angustia que permite crear y, precisamente por eso, existir, conduce igualmente a la muerte y al borde del abismo”.
(Brenot)

«En la vida de los grandes creadores y los personajes excepcionales se da con frecuencia la pérdida temprana de un ser cercano, ya sea física o funcionalmente, lo cual obliga a un trabajo psicológico subsiguiente por encima de lo normal. Para el psicoanálisis, el acto creador nacería de la necesidad de reparar la pérdida de un “objeto” amado que en realidad no se ha podido amar».
(Brenot)